Faltan quince minutos para las cuatro de la tarde y la fotógrafa chilena Valentina Palavecino —cuya vida últimamente no conoce pausas— entra a la cafetería luciendo sus característicos lentes de marco negro.

Viene llegando de una prueba de color en la imprenta que dará vida a su primer fotolibro, “Cámara lenta”, una recopilación que recorre los primeros diez años de su carrera. “Las pruebas son solo un acercamiento, lo real es la máquina”, explica mientras se acomoda. Para ella, pasar al papel es un proceso fascinante, una materialización que la tiene expectante por su lanzamiento el próximo martes 12 de mayo en el City Lab del GAM.

Si hubiese sido por ella, Palavecino quizás habría lanzado su primer fotolibro a los dos años de comenzar su carrera. Es, como bien dice, el objeto al que aspiran muchos fotógrafos, y uno que le provocaba una inmensa ansiedad concretar. Pero por distintas razones de la vida, la idea nunca se ejecutó y los años fueron pasando. “Le perdí la ansiedad a crear un objeto. Simplemente me dediqué a hacer fotos”, dice.

El registro B

Hace alrededor de cuatro años, Javiera Novoa —de la editorial Metalibro— le propuso a Valpa lanzar un fotolibro de Polaroids. A la idea se sumó la fotógrafa Paloma Palomino como editora. Sin embargo, el proyecto quedó en stand by hasta que, en 2024, se adjudicaron un Fondart para financiarlo. Fue entonces cuando finalmente se vieron enfrentadas al inmenso archivo que la fotógrafa había acumulado durante una década. Ahí comprendieron que debían mostrarlo todo.

Entre revisar, seleccionar, categorizar, buscar y rescatar, el proceso duró todo el 2025. “Lo que más demoró fue encontrar el archivo”, dice Valpa, que asegura que el 90% de las fotos son análogas, “fue una búsqueda física intensa. Muchas veces pensé que tenía perdido el negativo. Además, estaba en paralelo trabajando en La Moneda, y después con Jeannette Jara. Entonces fue intenso”.

20S: ¿Cuál fue el criterio detrás de la selección final?

VP: Las chiquillas quisieron pararse desde un punto no obvio. Quizás no la foto del afiche, sino el backstage de la foto del afiche. Ellas quisieron darle ese porcentaje de calidez, intimidad, cotidiano, pero a la vez con estos personajes. Es muy consecuente con mi narrativa.

Si bien el fotolibro está compuesto principalmente por las fotografías que Valpa le ha hecho a personajes públicos, también hay una parte reservada para su archivo más personal, una elección que le da un toque de identidad propia al libro.

20S: ¿Cómo fue, en términos emocionales, ir repasando este archivo de tantos años?

VP: Yo diría que fue cansador. Es una tarea de alto impacto emocional. Tenía que llegar de mi trabajo, a la noche, y hacer revisiones. Mis fotos son mi cotidiano, entonces convive ese concierto, la muerte de tu abuela o un autorretrato en una casa donde ya no vives. Me encontré, bueno, con la vida misma. Más allá de eso, fue un proceso profundamente hermoso, porque te hace revisitar y te hace mirarte. Estas fotos hablan de mí.

Cuando le pregunto a Valpa si el nombre de su fotolibro es un guiño a la canción de Javiera Mena, sonríe. “Se le ocurrió a una de las editoras, a la Paloma”, confiesa. La conexión es clara: al detenerse a escuchar la canción, la artista demuestra una fascinación genuina por la contemplación y la espera. “Hay mucho material que no se ha visto y que está ahí en el libro, que esperó y que ahora tiene su momento”, explica.

VP: Miré, observé, esperé y ahí está la foto.