Uno de sus primeros recuerdos es estar perdida en un jardín lleno de flores, había algo en los colores y en las formas irregulares que le generaba intriga. Lo mismo sucedía con las piedras, ¿por qué este cuarzo es tan distinto a este otro? Desde que tiene memoria, su mente se ha concentrado en las materialidades y siluetas de todo aquello que le parece bello.
Con 21 años y tres desfiles en el cuerpo, Romina Homel Bertoni es estudiante de Diseño Industrial, se dedica al estilismo y a la confección de vestuario. Si bien su mirada se asocia a la moda, toda la vida se ha sentido atraída por aquellas cosas que sobresalen por su belleza. Su trabajo surge de observar lo cotidiano, de replicar objetos u obras de arte que vio; de un material que encontró en la ferretería o de una pieza de cerámica que reposaba en el fondo de una vitrina. Romina construye desde la intuición, el caos y de todo lo que ha dejado huella dentro de sí.
En su discurso pareciera que nadie debe quedar fuera: su mamá, su papá, sus hermanos, Rafita, Sebastián y Vicente, su tía Julia, su prima Rebecca, su abuela, la señora Aida, Enrique, Mel, Anto, sus docentes, Jazmín y Santiago y la lista sigue. De igual forma, así parece funcionar su cabeza a la hora de crear o darle forma a un proyecto. Nada puede quedar de lado si le llama la atención.
Dentro de la filosofía existe una teoría llamada “holismo”, que consiste en entender el mundo como un todo (en que todo está relacionado entre sí). No es propio de la corriente holística entender los elementos por separado, sino que son inseparables en un conjunto. Por esta misma razón, no es casualidad ver en los atuendos de Homel un vestido de papel de burbuja, piezas de cerámica como accesorios o una falda de madera, sobre una pieza de archivo o un textil noble. Para Romi, dentro de la moda todo puede funcionar de manera agrupada, y eso la hace ser la artista que es hoy.
El coleccionar
Su infancia estuvo marcada por los viajes entre la casa de su padre y de su madre, cada fin de semana Romina viajaba desde Las Condes hasta Las Rejas para reunirse con su familia paterna. “Ahí todos vivían cerca, íbamos a la casa de mi abuela, que está pareada con la de mi tía y al frente vive mi otra tía. Todo mi núcleo familiar estaba muy cercano”, explica. Al ser la única mujer de cuatro hermanos, encontraba un refugio en observar lo que hacían las figuras femeninas que la rodeaban. Sobre todo su tía Julia, que la llevaba a comprar a Barrio Meiggs o al Portal Edwards, ubicado en la Alameda.
20s: ¿Quiénes son las personas que encendieron este interés por la moda en ti?
ROMINA HOMEL: Siempre me metía a las piezas de mis primas y revisaba todo. Yo estaba en mi infancia y ellas en la adolescencia, entonces eran como referentes. Además, siempre fueron de coleccionar cosas, como stickers, lápices, papeles, pinturas. Y yo también quería formar parte de estas colecciones íntimas. Así que le rogaba a mi tía que fuéramos a Meiggs.
20s: ¿Y qué cosas te llamaban la atención?
RH: Ay, todo lo que venía empaquetadito. Todo lo que venía como en sus sobrecitos, todo lo que era como bello de ver. Todo. Jamás fui de muñecas. Siempre me fijaba en la ropa juvenil, miraba los peludos sin manga, las poleras con brillos o con lentejuelas.
Situándolos en la línea temporal, a principios de la década de 2010, los niños coleccionaban silly bandz o pulseras flúor, el indie sleaze estaba en pleno auge y los apliques metálicos decoraban la ropa de los adolescentes. “Me acuerdo de un negocio de tacones al que siempre íbamos, para mí parecía una tienda de lujo, cada uno era distinto y yo me los probaba todos”, relata, “yo le preguntaba a mi tía: ‘¿tú crees que mi mamá me deje ocuparlos?’ y ella me respondía ‘cómpralos no más’”. Ni por parte materna, ni paterna existieron los límites a la hora de vestirse, y tener su ropa dividida entre dos casas le permitió crear y experimentar.
Dejar huella
A lo largo de toda su vida, Romina destacó entre sus pares a través de su vestimenta, pero no fue sino hasta hace tres años que transformó ese impulso en una vocación. “Fue gracias a mi pareja de ese entonces, que me ayudó un poco a abrir los ojos y a poder dedicarme a lo que me gusta de manera profesional. Más que nada me incentivaba, me decía ‘tú tienes ese talento, ese ojo’”, a eso se sumaban los constantes elogios por sus tenidas experimentales, que poco a poco empezaban a volverse una marca personal.
Por último, el desfile en Crash Gallery -el 12 de julio de 2025- no fue solo la primera colección de la diseñadora, fue la declaración de una nueva intención: empezar a diseñar vestuario.
20s: Y el último desfile de Crash Gallery, ¿ese es confección tuya?
RH: Sí, esa fue una colección que hicimos con mi madre, con la ayuda de Ceblin. Bueno, a mí me dijeron que el desfile iba a ser junto a otros diseñadores más, y que la propuesta era un poco más performática y a la vez que querían diseños más sobrios, con colores más neutrales. Sin embargo, no me veo generando paletas tan monocromáticas y unificadas.
20s: Muy lejos de lo tuyo.
RH: Sí y a la vez cerca, porque ignoré un poco todo lo que me dijeron y quise hacer lo que me gusta. El poder agregar este pop de color a estas paletas más neutras. Ahí hice mi primera colección de cero, eran cinco looks con textiles más industriales, confeccionados con ayuda de mi mamá. Y el último era una tela que cambiaba de color.
Para ahora en adelante, no hay planes rígidos. Romina quiere terminar su carrera y perfeccionar su técnica en confección de vestuario. Asimismo, tiene intenciones de generar un espacio físico y abierto al público para mostrar su trabajo y generar diálogos críticos en torno a la moda.
20s: ¿Y son los desfiles el principio de una era?
RH: ¿Quién lo sabe? Quizás puede ser, quizás no. Creo que es algo que me lo va a mostrar la vida más adelante o quizás ahora. Creo que las cosas sí se están dando de la manera que quiero. Chile ya está viendo que hay nuevos diseñadores y artistas emergentes. Quizás estoy dentro de lo que la escena chilena está comentando.
Según ella, la única certeza que tiene es que quiere seguir haciendo, seguir creando y seguir rodeándose de personas que entienden lo que dice a través de los colores, los materiales, las formas y las texturas.
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