En el subterráneo del Caracol Lo Castillo hay algunos talleres de costura y tiendas de antigüedades, entre decenas de negocios que llevan décadas habitando el icónico centro comercial. Al final de este espacio, llegando al subterráneo, existe un espacio que solía ser un cine en los años ochenta. La aparición de los cines modernos lo llevó al abandono y, durante más de veinte años, su infraestructura fue utilizada como una bodega.

Pero lo que algún día fue un cine, hoy es un centro de eventos que no se parece a ningún otro. Con ticketeras tipo pecera, muros de espejos y terciopelo, y detalles que parecen ser sacados de un rascacielos de Nueva York en la década de 1920, se encuentra Teatro C. Un espacio que nos hace cuestionarnos en qué década de los años veinte estamos, si es hoy o estamos situados cien años atrás.

Muchas personas pueden conocerlo por los jueves de Ácido, los viernes de Local 02 o los sábados de Lunática. Sin embargo, dentro del teatro, ha pasado mucho más. Un Boiler Room de AKRIILA, la Bud Session de Young Cister, un concierto de la banda infantil Mazapán e incluso de la icónica banda nacional Los Jaivas son solo algunas de las distintas actividades que se han llevado a cabo. Y no es casualidad, ni menos una oportunidad que surgió para sus fundadores, es lo que ellos buscaban: llevar el teatro más allá que un simple lugar para fiestas.

Hoy, Teatro C está consolidado como uno de los hotspots de la fiesta en Santiago, pues frecuentemente su repertorio incluye a DJs de distintos países que vienen a presentarse al espacio. Jueves, viernes y sábado, tres noches totalmente distintas, en un lugar distinto al resto.

20S: ¿Cómo definirían las distintas fiestas de Teatro C?

TEATRO C: Ácido, los jueves, está hecho para un público de 25 a 28 años, que arranca como un pre entre amigos con música electrónica y termina con reggaetón estilo perreo; Local 02, los viernes, la fiesta del old school, clásicos de ayer y hoy, con un público entre 28 y 30 años; y Lunática la fiesta de los sábados, con DJs nacionales e internacionales todas las semanas, un sonido más housero y groove, para un público de 25 a 35 años. A eso se suma Kroll, nuestra fiesta esporádica de techno —ya en su segunda edición—, en que el teatro se transforma completamente para recibir artistas nacionales e internacionales con un sonido más trance y bouncy, para un público de 24 a 32 años. Cada una convoca a públicos muy distintos entre sí, y lo mejor es que, aunque a pesar de ser distintos, todos disfrutan cada día de nuestro teatro indistintamente.

Pero la fiesta no es el único enfoque al que apunta Grupo Liderazgo, el holding a cargo del teatro: “La música electrónica y la vida nocturna son parte importante de nuestra identidad, pero creemos que los espacios tienen más valor cuando son capaces de albergar distintas disciplinas y comunidades. Nos interesa que Teatro C sea un lugar vivo, activo y abierto a diferentes expresiones culturales. Esa diversidad enriquece al proyecto y fortalece su vínculo con la ciudad”.

De una arquitectura inigualable, que pareciera transportarte al siglo pasado, explican que es un espacio inclusivo y funcional para distintas actividades, desde conciertos a fiestas o eventos culturales, que transmitan creatividad y encuentro. Es por ello que el lugar ha albergado desde Boiler Rooms hasta obras de teatro o actividades municipales de navidad.

20S: ¿Por qué decidieron recuperar este espacio y qué significado tenía para ustedes su historia previa?

T*C: La historia del lugar fue uno de los factores que más nos motivó. Vimos el potencial de recuperar un espacio con identidad propia y darle una nueva vida sin perder el valor de su pasado. Nos interesaba rescatar parte de su memoria, reinterpretarla y proyectarla hacia el futuro. Creemos que los espacios con historia tienen una energía especial y que pueden seguir siendo relevantes cuando se adaptan a las nuevas generaciones.

Los sillones de terciopelo, las lámparas circulares, la iluminación en espiral, los grifos del baño y los ornamentos de las paredes no son meramente un capricho de diseño de interiores, sino la búsqueda de construir un espacio auténtico, que trascienda en el tiempo, e incluso de llenar un vacío en la vida nocturna de la capital: “Sentíamos que en Santiago existía una gran oferta fragmentada, pero faltaban espacios versátiles que permitieran convivir distintas expresiones artísticas y experiencias bajo un mismo techo”.

Es por esto mismo que Grupo Liderazgo pretende que se les recuerde en el tiempo como el motor que ayudó a construir comunidad e impulsar la vida cultural y nocturna de Santiago. Un espacio en que convivan artistas emergentes, de media carrera y consagrados: “Más allá de los eventos específicos, nos gustaría que Teatro C sea recordado como el espacio que aportó a la evolución de la cultura, la música y la entretención”.