Irme a París durante casi tres meses fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Fueron 79 días de invierno que se sintieron como años, en que viví todo lo que podía vivir.
Estudié Fashion Business, conocí gente de todas partes del mundo y de todas las edades, salí de fiesta solo, tuve un colapso pulmonar y quedé atascado en la ciudad. Viajé de manera impulsiva, compré pasajes sin pensarlo demasiado. Hice amigos que hoy me esperan en distintos lugares del mundo, para viajar juntos y conocer a sus familias. Fue una vida adrenalínica, constante, que nunca me dejó descansar y me obligó a sentir todas las emociones posibles.







