Su lenguaje visual busca construir narrativas en que aparezca todo aquello que no tiende a mostrarse, o aquello que ha quedado en los márgenes de la historia; las infancias, las cicatrices, las marginalidades, las disidencias y la tercera edad son solo algunos de sus sujetos de interés. La fotógrafa ha encontrado en ellos un territorio fértil donde su obra dialoga con quienes suelen quedar fuera de la sociedad.
La manera en que su trabajo se fue expandiendo se relaciona directamente con su vínculo íntimo con la documentación a distintos artistas de la industria musical, el universo fotográfico que ha creado y que pretende seguir construyendo va mucho más allá.
Durante toda su vida, su objetivo fue dedicarse a la danza, pero el fallecimiento de su abuela (la nona, como le dice ella), le hizo darse cuenta de que contaba con abundantes –y, a la vez, carentes– registros de su familia hasta que apareció la digitalización. Una vez que se popularizaron las cámaras digitales o los smartphones, los retratos a los distintos integrantes de su núcleo familiar desaparecían poco a poco. Los álbumes de foto dejaron de ser elaborados y el recuerdo de un almuerzo familiar, una primavera completa o unas vacaciones en 24 o 36 fotos, pasaron a ser cientos de ráfagas en algún espacio de internet, lejos de la tangibilidad.
Pese a esto, una cámara analógica point and shoot que utilizaba con sus amigos, dio inicio a lo que sería su profesión hoy en día. Después de cinco años detrás del lente, podríamos decir que su trabajo es un baile entre lo cotidiano y lo marginal, entre lo documental y lo editorial, o entre sus vivencias y las del resto. La fotografía de Choko es un reflejo de su infancia, de todo aquello que vivió entre los cerros de Viña, en las calles de San Bernardo, de Estación Central, de Pudahuel, o de Buenos Aires, entre todos los espacios que ha habitado. Sin ninguna intención de inventar situaciones o escenarios, la fotógrafa hace del cotidiano chileno un espacio editorial que honra la memoria.
CHOKO LATIN: Yo creo que he podido llegar a este reconocimiento porque he trabajado mucho bajo la insistencia de lo análogo y de mostrar lo que pasa en la calle.
La búsqueda de la fotógrafa va mucho más allá de una simple captura, sino que tiene como objetivo construir un vínculo, intervenir, hablarle a la gente, construir un grado de complicidad a través de la fotografía. Cree que la actitud de sus modelos es genuina, y va de la mano con la confianza que transmite.
20s: Y retomando un poco esta idea de que tu obra se relaciona mucho con la tercera edad, ¿tiene que ver con buscar a tu abuela en la foto?
CL: Sí, total. Yo creo que es un acto reparatorio. Tanto para mí, como para la gente, porque incluso siento que es hasta contestatario como con las redes sociales y los celulares. O sea, hay un archivo (de fotografía impresa) importante en mi familia y de cierto año en adelante —en relación directa con el inicio de la digitalización— desaparece. Una vez que aparecieron los celulares dejó de producirse ese material. Creo que a todos nos pasa un poco lo mismo y empecé a darle vuelta a eso. Tengo amigos que no tienen fotos con sus abuelas. Así que empecé a hacer estas editoriales con gente cercana para regalarles también ese momento.
20s: ¿Y se te acerca gente en búsqueda de retratar a sus abuelos?
CL: Sí, mucha gente me habla como, “oh yo quiero”. De hecho mañana tengo que hacerle fotos a una persona que no conozco. Yo le dije “no, a la vuelta de mi viaje” y me dijo “es que yo no sé si mi abuela esté viva”, así que decidí ir. Viene desde ahí, regalar ese recuerdo.
De esta manera es que nacen sus editoriales “NONO”, “NONA” o “MÁMA”, entre todas las que respetan al parentesco o a la familia. Una historia que la fotógrafa encarna y busca dar espacio y tribuna a los adultos mayores, que normalmente quedan aislados de los relatos. Una reinterpretación e invitación a la tercera edad, a ser parte y protagonista de algo que les permite recibir el valor que merecen. Por esta razón, quiere llevar su proyecto a su próximo viaje a Barcelona: “me gustaría meterme de lleno al mundo de los libros y de la exposición. Ojalá poder mostrar mi proyecto ‘NONI’”.
Performance viva
Hay cierto sabor agridulce en la petición del desconocido que le pidió fotos con su abuela porque no sabe si a la vuelta del viaje estará viva, y ese mismo sabor se repite para la fotógrafa a la hora de tomarle fotos a sus amigos disidentes. Este acto sirve como memoria y resistencia, es una forma de mostrar y dar espacio a aquellos miembros de la comunidad que se enfrentan a un territorio hostil.
20s: ¿En qué momento nacen estas ganas de ser la representante de todos aquellas personas que han quedado en los márgenes de la historia?
CL: Siempre he sentido las ganas de fotografiar lo marginal. Yo era pareja de una persona que participaba en la escena ballroom. Incluso estaba transicionando en ese entonces. Obviamente dije, bueno, tengo que documentarla. También me sucedió con mis amistades. Me pasa un poco la misma situación que ocurre con las personas de tercera edad. A la disidencia uno no sabe si las puede volver a ver cuando salgan a la calle.
20s: Tu trabajo, según yo, tiene mucho de esos tres conceptos.
CL: Sí, total. Como esa sensibilidad y meterme en la intimidad de la gente. Tiene un poco que ver con el lugar de donde vengo, que genera mucha comunidad y organización. Sí, allá (en Viña del Mar) la gente se reconoce en la calle. Acá no pasa tanto eso.
Cicatrizar
Un registro como gesto de resistencia; una manera de devolver a la tercera edad, a las disidencias, a los márgenes sociales, la visibilidad y el valor que les suelen negar. Entre las calles y los almacenes, Choko logra sanar heridas y permite que la fotografía se convierta en un acto reparador.
20s: Y con respecto al futuro, ¿qué esperas?
CL: Tengo un proyecto, que aún no está arriba, que indaga y habla del lenguaje a través del cuerpo. Experiencias, traumas y condiciones. Llevo más de tres años trabajando en esto. Son personas que tienen algo que contar y se refleja a través de su cuerpo. Pueden ser hemangiomas, soriasis, quemaduras, cicatrices, situaciones políticas, autoflagelación, entre otros. La piel es el órgano más grande del cuerpo y el que más narra lo que sentimos. Cuando algo te emociona, se te eriza o si estás con depresión o adicción, se ve en los colores o en la sequedad. Tiene que ver con eso. Me ha constado soltarlo o parir esto que estoy gestando.
20s: ¿Cómo describirías este trabajo
CL: Sensible.
Si antes su lente pretendía narrar ausencias o recuerdos familiares, hoy apunta hacia cuerpos que llevan inscrita la experiencia. En ese acto, Choko busca un archivo sensible que permite recordar y permanecer. Pero, por sobre todo, busca un poco de su nona en cada foto.











